martes, 27 de mayo de 2008

ENSAYOS Y FAYOS


Dios lo quiso así


Dios lo quiso así. Sentencia la victima ante la injusticia cometida sobre su piel o la de un ser amado. Estamos acostumbrados a este tipo de razonamientos y es frecuente cree que tienen algún fundamento. En la psicología de nuestro país, como en la todos los países donde el crimen, el dolor y la muerte imperan, es común encontrar a la victima solidarizada y hasta fascinada con el victimario, la resignación toma el rostro del criminal y la impunidad sale de los pasillos de los juzgados para tomarse el alma de las victimas. En estos países, si se quiere trocar de horizonte, hace falta en cada hombre mucho sentido de la justicia, pero entendida ella como la capacidad de juzgar, de recordar y quizás de cobrar el derecho violentado. Yo sostengo que un estado justo y democrático es producto de una gran noción y praxis justiciera en cada ciudadano y que por le contrario, un estado impune y criminal corresponde a la incapacidad ciudadana de juzgar y ejercer la justicia.

No se trata en ningún caso de imponer la voluntad individual sobre nadie, de lo que se trata aquí es de crear una voluntad social de justicia (justicia social), pero no solamente como política teórica sustentada en paliativos jurídicos” y “planes de desarrollo” sino más bien, como soberanía individual de cada ciudadano sobre valores éticos universales (derechos humanos), impulsados sobre una plataforma pedagógica que de viabilidad practica a cada individuo para, sobre la base del derecho legal, ejercer la justicia. No habrá justicia social sin desarrollo individual.

Por algo lo mataron, mano dura y corazón grande, el que nada debe nada teme, etc. Son expresiones frecuentemente utilizadas por nuestros coterráneos para referirse indulgentemente a situaciones de injusticia. En ocasiones nisiquiera se intenta un simulacro de explicación, sino que se asume inmediatamente la razón de la fuerza (victimaria) como suficiente para sustentar su praxis.

El monopolio de la justicia teóricamente depende del estado, él debe garantizar la tranquilidad de los ciudadanos a través de la aplicación de la ley y la fuerza, sin embargo, que el ciudadano quede limitado a ser beneficiario de un servicio (la justicia) y ésta pierda el carácter de deber hace que también pierda su sentido imperativo y quede reducida a ser una eterna carencia (necesidad). La justicia más que un derecho es un deber y en este sentido su realización compromete tanto al estado como al ciudadano, de ambos es el deber de buscarla sinergicamente. En éste horizonte, es función del estado el crear los mecanismos pedagógicos y legales para que el ciudadano pueda practicar la justicia.
Eduardo Anótenlo Sotomonte

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No soy un hombre…




soy un pueblo.





Soy Blanc@, negr@, las más de las veces rojo,
Soy joven, ancian@, las más de las veces niñ@,
Soy amante, mundan@, espos@, herman@,
Soy, soy un soñador, un pueblo,
Soy tú, mi amor y patria.


Hay tiempos en que los pueblos pierden sus rumbos y se hunden en los caminos de otros, hay tiempos de mafia, drogas, prostitución, mentiras, asesinos, politiqueros sedientos de apatía, temerosos y malvados con las armas, los negocios, los “torcidos”, el dominio de la muerte, el terror, la fé, dirigentes de solapa en burbujas negras; como de jabón podrido. Van por ahí con impune sonrisa por los palacios de justicia, las haciendas, los cargos directivos, la televisión en horario estelar como en domingo de misa, dejando a su paso una estela sanguinolenta de corrupción hipócrita.

No conformes con robarnos el futuro a través de pólizas, hipotecas y rentas sin fin, todos los días. Nos quitan también el presente. Nuestros niños víctimas eternas del mal gobierno o, mejor, del gobierno del mal, son los “objetos” de mayor demanda cuando de saciar los instintos, la rabia, la sed de venganza se trata. Sí, nuestros niños y niñas continúan siendo el “colchón” contra el cual la sociedad libera su neurosis. Y todo esto amparado por mafias que gobiernan en beneficio del mejor postor. Un cuerpo por tanto, un amor, una vida... ésta es la moral del dinero, la cual, en ocasiones, ni los “representantes de dios” olvidan.

¿Por qué la lucha debe ser sin alegría?, ¿Por qué mi tristeza desamparada?, ¿Por qué el miedo, el desempleo, el insulto, la humillación, el proxeneta, el terrorista, es decir: porqué la política como orgía?... ¿Por qué el cura tramposo experto en teletones y en recaudar para la fé y la cofradía?... ¿Dónde quedó la decencia, donde están las banderas?... Ante el miedo se me hinchan las venas y digo que en la sangre, en la sangre están las banderas y la herencia, en Gaitán, en Bolívar, en la Pola, en Manuela, en Galán, en el pueblo que recuerda, en la juventud inconforme que consciente de su responsabilidad no olvida. Nosotros, nosotros herederos de un amor más profundo y duradero, de una decisión de vida retomamos las banderas que otros han pisoteado y llamamos a reconstruir la alegría, a fundar de nuevo los cimientos, a retomar con orgullo lo que es nuestro y fundar una patria digna algún día.


Nuestra sangre es roja, roja la bandera, nuestra herencia y entre sueños... patria.

Por:
Eduardo Antonelo Sotomnte.
eduardoantonelo@hotmail.com

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Quién te dio la vida,








Quién te quiere como eres, quién busco donde nadie para darte lo mejor, quién hizo lo posible y más para tu bienestar… lo sabes, claro que lo sabes, una mujer, TÚ, TÚ MUJER. En cada mujer, desde las profundidades del amor más sacro y maternal vive la esperanza, cada mujer encarna todo el amor del mundo y también todo el sufrimiento pues tanta capacidad de lucha, tanto amor ha sido desde hace milenios mal correspondido. Con el pretexto cobarde de la supuesta superioridad masculina la sociedad descarga su furia bajo la imagen degradante de la mujer, amante, madre, empleada DOMESTICA. La mujer como prenda, como objeto, la mujer como sirvienta de todos los oficios; la mujer callada, tímida, violentada, la mujer P, la mujer M, y muchas otras formas de abuso.

__ ¿quién puede saber a ciencia cierta lo que reside en el corazón de una mujer?__

Abandonadas al desprecio de la historia las mujeres han sido mayormente relegadas a los papeles secundarios, es decir como sirvientas y victimas. El peso de la moral machista ancla sus raíces en la base misma de la familia y de éste modo, de generación en generación, se reproduce “el sistema”.

No más, debemos decir y hacer no más. No más hijos para la indiferencia, no más hijos para la muerte, no más silencio; o mejor: más, más temple y protagonismo, más valentía y dignidad, más mujeres y menos domesticas.





Por:
Eduardo Antonelo Sotomnte.
eduardoantonelo@hotmail.com


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Nuevamente entre la espada y la pared.





- SÓLO UN CAMINO: GUERRA FRONTAL Y SIN FRONTERAS, INCREMENTAR LA INTELIGENCIA Y LOS OPERATIVOS DE CONTROL EN EL CAMPO Y LA CIUDAD, MENOS IMPASIVIDAD Y MÀS EFECTIVIDAD.
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Palabras textuales del presidente de la republica.





Como el diario vivir de muchos colombianos no es una situación sencilla la que se presenta en televisión. De un lado el terror se corporiza bajo la forma brutal de la bomba, y del otro la única salida planteada es la guerra total, de un lado el cautiverio ideológico y el secuestro y del otro la arrogancia radical del peso de la ley y la sed de venganza, de un lado fantoches y del otro mamaSantos...

Colombia en éste momento está desangrándose a través de las mismas viejas heridas; hoy, luego de escuchar al presidente de la republica es inevitable recordar las voces silenciadas de Gaitan y más recientemente la de Galán, lideres apasionados, fuertes en sus bases como en sus principios, visionarios que se atrevieron a plantear una Colombia distinta y que ante el atropello descarado de la corrupción, el narcotráfico que transita impunemente por los estrados oficiales, murieron y no pudieron continuar indicándonos el camino; ¡cuanta falta nos hacen ahora!

Atrapados nuevamente bajo falsas promesas de seguridad vemos ahora la imagen del desengaño en TV a todo color, en la calle a través de cientos de miles de rostros infantiles mendigando o vendiendo su cuerpo para sobrevivir, en la política por medio de lideres de dudosa procedencia y falsa sonrisa, en la iglesia con pastores que desde siempre han perdido el rumbo hasta limites insospechados, en las fuerzas armadas denunciadas por el propio gobierno y en cada casa con las necesidades, las deudas y el hambre cada vez más voraz.

La realidad nos alcanza a todos; pero la salida no puede ser la desesperación, por esto nosotros, jóvenes liberales, no vemos salidas rápidas y preferimos apostarle al trabajo arduo en pro del fortalecimiento popular, preferimos irnos a las bases y desde aquí fecundar la semilla que, ojala en un futuro cercano, haga germinar un muevo modelo político auténticamente social.



Por:
Eduardo Antonelo Sotomonte.
eduardoantonelo@hotmail.com
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